A 40 AÑOS DE LE EPOPEYA PATRIÓTICA ARGENTINA - 2 ABRIL 1982-2 ABRIL 2022
¡SEAN POR SIEMPRE BENDITOS Y RECORDADOS !
ARENGA DEL TCNEL. MOHAMED ALÍ SEINELDÍN DESPUÉS DE
ENTERRAR EL ROSARIO EN LA CABECERA DE LA PISTA DE PUERTO ARGENTINO EN MALVINAS
ARENGA DEL TCNEL. MOHAMED ALÍ SEINELDÍN DESPUÉS DE ENTERRAR EL ROSARIO EN LA
CABECERA DE LA PISTA DE PUERTO ARGENTINO EN MALVINAS
Omnipotente Señor de las Batallas que con su poder y providencia eres el Rey de Reyes de los cielos, la tierra y el mar:
Porque nos ordenaste honrar al Padre y a la Madre en el cobijo de la Patria terrena…
Porque nos enseñaste a dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar…
Porque nos aseguraste que no estar contigo es estar contra ti…
Porque nos aconsejaste buscar primero el Reino de Dios y su Justicia…
Porque caíste en la tierra como semilla para morir y dar con ello abundante fruto…
Porque nos diste una Patria Grande que va desde la Quiaca a la Antártida y desde la Cordillera al Atlántico, donde nuestras son las Islas que hoy huellan con orgullo nuestros pies de argentinos bien Nacidos…
Y porque nuestras madres nos parieron varones y valientes, por eso estamos aquí, porque no amamos tanto la vida que temamos a la muerte y porque si morimos en tu gracia resucitaremos contigo para la Vida Eterna.
Es por eso que en estas pascuas de resurrección nos consagramos al Corazón Inmaculado de tu madre la Virgen María bajo la advocación de Virgen del Rosario, en cuyo nombre fuera designado este operativo y en recordación de la otra gesta heroica de Liniers y la victoriosa batalla de Lepanto.
Reina y Madre de la Nación Argentina:
De hoy en más depositamos en tus manos nuestros cuerpos y nuestras almas nuestra juventud y nuestra garra criolla, nuestra vida y nuestra muerte, para que dispongas de ellas lo que mejor convenga.
Te consagramos también desde hoy estas Islas Malvinas Argentinas pidiéndote que alejes para siempre todo signo de pecado, de error y de herejía aquí existente. Queremos que –como en el continente – seas honrada con la devoción que mas te agrada: el Santo Rosario, porque solamente asi mostraremos al mundo que somos una Nación invencible.
Finalmente, a partir de este momento te reconocemos como comandante en jefe espiritual de nuestros hombres en tierra, mar y aire, y desde lo profundo de nuestro corazón de argentinos damos respuesta a la voz que nos dice:
- A la Virgen del Rosario Subordinación y valor - Para servir a Dios y la Patria
"Jesús, María, Os amo, Salvad las almas"
¡NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO, SÁLVANOS!
Seineldin -PPR-MIN
La Globalización llega a la Argentina
El siguiente texto, escrito por Mohamed Alí
Seineldín, tiene como principal objetivo informar cuando comenzó y cuando se
agudizó el proceso que hoy ha llevado a que nuestra Nación, sea una Nación
empobrecida y a merced de los intereses de unos pocos.
La experiencia política desarrollada en la
Argentina, que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, constituyó el
punto de partida de un "procedimiento", que culminó con el
sometimiento de la República al sistema globalizador denominado Nuevo Orden
Internacional. Ese "procedimiento" tuvo tres etapas, minuciosamente
diagramadas, donde se jugaron todos los valores humanos, desde las emociones de
algunos, el amor a la Patria de otros, y la tenacidad en el cumplimiento de sus
deberes de los últimos. Este programa logró instalar ideas radicales, con su
consiguiente etapa de violencia, a partir de las emociones de quienes creyeron
que estaban luchando por el fin superior de las sociedades. Fue fácil, pues el
contexto internacional presentaba un panorama más que propicio. Hubo milicianos
que mataban en nombre de la libertad, paradójicamente, durante el ejercicio de
gobiernos constitucionales. El caos y la anarquía se instalaron. Este nefasto
plan incorporó, a continuación, los ataques directos a miembros de las Fuerzas
Armadas, Fuerzas de Seguridad y Policiales. Se asesinaron a militares,
familiares, en actividad y retirados; se atentó sobre sedes institucionales y
de recreación, etcétera. Todo valía. Esa parte del programa tuvo como objetivo
principal, el de involucrar a las Fuerzas en el conflicto, para que, dadas las
particularidades de sus operatorias, culminen su intervención asumiendo el
control del Estado. Y eso fue lo que efectivamente ocurrió. Las FFAA intervinieron,
primero dentro del orden Constitucional, y por fin, la toma del Estado.
Ese punto fue el deseado por los gestores de esta
cruel novela. Los militares se hicieron cargo del gobierno de la Argentina.
Mientras algunos intentaban restablecer el orden, al caos generado por la
maniobra subversiva, los otros, los que estaban esperando el momento,
accedieron al control de los bienes de la Nación.
Minuciosamente fueron progresando en el control de
las Finanzas: se obtenían créditos imponentes, sin razones categóricas que lo
demandaran. A eso le siguieron el despilfarro, el empleo turbio de esos fondos,
hasta llegar a trasladar a la responsabilidad del Estado ( y el de los
habitantes del país) toda la secuela de corruptos manejos y la suma casi total
de una deuda privada dudosa.
Así, mientras algunos gritaban ¡Victoria! sobre el
enemigo marxista, dejando jirones de sus carnes y de la honra de sus uniformes,
los otros, los profesionales del saqueo de los pueblos, también gritaron su
victoria, por los logros obtenidos en el traspasamiento de los patrimonios de
toda una Nación, a los poderosos del orden financiero mundial, encubiertos en
ese pomposo título del Nuevo Orden. Cuando el objetivo se hubo cumplido, los
directores del "sistema" decidieron acabar con los gobiernos
militares. Pero debía de ser total, hasta el último vestigio de ética militar
debía desaparecer. Ya los habían usado y ahora debían desaparecer. Siguió el
paso "Malvinas"; ahora correspondía atacar a aquella clase de
militares profesionales, patriotas y con ética elevada. Para eso fue necesario
que estos militares fueran derrotados en su propia materia, la guerra.
Los engaños y las traiciones se agudizaron,
militares y civiles gestaron este episodio hasta en los menores detalles:
desembarco triunfal, humillación y derrota ignominiosa. De esta manera, ningún
militar tendría, ahora, cabida en la Argentina del Nuevo Orden, ni los
soberbios ni los éticos. El Plan se había cumplido cabalmente.
Lo que siguió fue más de lo mismo. Los sucesivos
gobiernos constitucionales aseguraron esta dependencia hasta el extremo en el
que hoy vivimos, de que sus ministros y gerentes son nombrados por el FMI.
En
síntesis, el Proceso de Reorganización Nacional fue la mayor maniobra, la más
cruel y mentirosa, que permitió doblegar el espíritu nacional, humillarlo,
enfrentar a su pueblo, crear la desconfianza y sembrar la miseria.
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¿QUOUSQUE TÁNDEM, BRITANNIA...?
Atilio Carlos Neira
Artículo aparecido en el N° XVII de la Revista "Fidelidad a la Santa Iglesia, abril de 1982
Mucho más que estrategia o petróleo, mucho más todavía que la soberanía misma de las Islas Malvinas es lo que está en juego en la guerra desencadenada entre la Argentina e Inglaterra. Por encima de las concretas circunstancias históricas, las que están en pugna son dos visiones del mundo, opuestas diametralmente desde hace siglos: por un lado, detrás de la Argentina está la idea hispánica y, por lo tanto, europea y americana, de la defensa inquebrantable de aquello heredado al nacer, y conservado y acrecido con el esfuerzo cotidiano (la familia, la tierra, en fin, la Patria), frente a lo foráneo; la exaltación, como un eco vago, es cierto, del viejo ideal fundacional romano: el descubrimiento de que una muerte digna vale más que una vida mediocre; el saber que no hay oro suficiente para comprar el honor de una Nación; la intuición profunda de que la Patria es una realidad sacra.
En la otra orilla, Inglaterra;
única entre las naciones a la que se nombra uniendo a su nombre un epíteto
atroz: la pérfida Albión. Cada nación se configura como tal en cuanto es capaz
de cumplir con el papel histórico que el destino le ha reservado. Y el de
Inglaterra ha sido, ciertamente, un destino trágico; el de, a la cabeza de la
modernidad, destruir la magna idea de la sacralidad imperial, erigiendo una
contrafigura paródica: el pseudo imperio, que tan cabalmente ha encarado, del
"ideal" crematístico. Sus armas, sus conquistas, su
"Imperio" —"Rule, Britan-nia!"— han sido perpetuamente
guiados por el más vil de los paradigmas profanos: el del dinero. La libertad
de comercio —Moloch en cuyo altar tanto se ha corrompido, tanto se ha
sacrificado— ha sido su siniestro estandarte, capaz de engendrar a un Francis
Drake, pirata hecho "sir" por la agradecida corona, y a un piadoso
capitán Juan Hawkins, quien bautiza "Jesús" al buque, obsequiado por
su Graciosa Majestad, con el que trafica esclavos africanos.
Esto debe ser dicho, hoy y aquí,
para siempre. Eso ha sido Inglaterra, durante siglos: la eminencia gris de la
Revolución en Occidente; una larva que ha carcomido el corazón de Europa y de
América; y también del África, del Asia y de Oceanía.
Eso ha sido Inglaterra y eso son
los Estados Unidos; porque, en el más profundo sentido, los Estados Unidos son
Inglaterra. Ellos han venido a cumplir el papel que aquélla cumpliera durante
siglos: el de la cabeza del pseudo imperio fenicio, perpetuamente traidora de
quienes dice defender.
Por eso es que, contra Inglaterra
y los Estados Unidos, hoy comienza a renacer, espontáneo, el viejo ideal bolivariano
de la unidad de una América que no habla inglés, frente a la ficción
insostenible de una O.E.A. venal, al perenne servicio de Washington. Con las
palabras de Rubén Darío:
Tened cuidado. ¡Vive la América
española! ¡Hay mil cachorros sueltos del León Español! Se necesitaría,
Roosevelt, ser por Dios mismo, el Riflero terrible y el fuerte Cazador, para
poder tenernos en vuestras férreas garras. Y, pues contáis con todo, falta una
cosa: ¡Dios!
Mas no nos engañemos. La guerra
actual no es un hecho aislado sino el último eslabón de una larga cadena bélica
que ya lleva siglos. Atrás están incontables hitos: el ataque inglés a la
Colonia del Sacramento en 1763, Beresford y Whitelocke, la gloriosa Vuelta de
Obligado... Y atrás están también —y esto no podemos olvidarlo, mucho menos en
esta difícil hora— Manuel José García sirviendo a Lord Ponsonby antes que a la
sangre de Ituzaingó; Julio Roca brindando en Londres frente al príncipe de
Gales por "la Argentina, una parte integrante del Imperio Británico";
Roberto M. Ortiz que al responder a otro brindis, por el cual el presidente de
la Cámara de Comercio Británica lo ungía futuro Presidente de la Nación,
contesta: "La Argentina tiene con vuestra patria enlaces financieros y
obligaciones tan importantes como muchas de las obligaciones que existen entre
la Metrópoli y diversas partes del Imperio"; y las actas de Chapultepec, y
Braden, y, por fin, allí está el Gral. Lanusse designando a Su Majestad
Británica árbitro de la disputa con Chile por... nuestras islas, tan próximas a
las Malvinas, en el gélido mar austral.
Doce mil hombres aguerridos
—bastante más de los que ahora vienen— fue capaz de rechazar la humilde aldea
de Buenos Aires, allá por 1807. Nos hemos acostumbrado a pensar en el aceite
hirviendo de la Defensa como en una fábula escolar; y ahora la cruda realidad
nos hace tomar conciencia de que es el símbolo de lo que puede la Nación unida.
Hoy, golpeada, entregada, agobiada, la Patria agonizante ha renacido de entre
sus cenizas, justo en el momento en que se inclinaba sobre el abismo de su
desintegración. Toda nuestra historia se resume en esta hora crucial: es la
existencia misma de la Nación como Nación lo que está en juego. Y por eso
sufrimos, y por eso luchamos, y por eso, si hace falta, también morimos los
argentinos. Que la Virgen del Rosario, Nuestra Señora de la Victoria, a quien
cantamos con la liturgia "deducet te mi-rabiliter dextera tua",
quiera ser nuestra guía y nuestra lumbre en medio de las tinieblas de estos
decisivos momentos.
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DIOS NO NOS JUZGARÁ POR LOS ÉXITOS QUE LOGREMOS SINO POR EL EMPEÑO QUE PONGAMOS EN DEFENDER LA FE








Impecable trabajo!
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